Morante, Morante, Morante….

Foto: burladero.com

Foto: burladero.com

Desde que acabara la corrida, hace aproximadamente dos horas, llevo dándole vueltas al asunto. ¿Compensa la faena realizada esta tarde por Morante de la Puebla las más de 20 tardes que le he visto y en las que no ha dado un solo pase? Mientras sigo rumiando el asunto, lo que de verdad tengo claras son dos cosas: que Juan del Álamo va en serio en esto de ser torero y que lo que no compensa el precio de la entrada es un encierro como el que Juan Pedro Domecq ha enviado a la plaza de Cuatro Caminos. Faltos de raza y de casta, da mucha pena ver un animal bravo reducido a su más mínima expresión.

De desigual presentación y de juego uniforme, en mayor o en menor medida los 6 astados han perdido las manos y han llegado al último tercio acobardados y faltos de poder. Al único que se le ha dado medio puyazo ha sido al cuarto, hasta el punto de el tercero salió del peto sin tener siquiera el lomo marcado. Con este panorama Morante tuvo que abreviar en el primero, un animal de bella estampa y bien hecho que se derrumbó después del inicio de faena del sevillano. El público abroncó al de la Puebla, que con el cuarto salió dispuesto a revertir los pitos en palmas y recibió a su oponente con un ramillete de verónicas ajustadas antes de que el burel doblara las manos. El quite no resultó del todo lucido pero cuando la tela roja llegó a la diestra del maestro las musas, hasta entonces rondando el tendido en busca de alojamiento, llegaron al alma y la cabeza del diestro.

Comenzó con el pitón derecho, con tandas ligadas, ajustadas y con algún muletazo eterno. Todo ello pese tener enfrente un animal aborregado y entregado que peleaba por mantenerse en pie. La faena subió de tono cuando la muleta llegó a la mano izquierda y los naturales fluyeron con una naturalidad que solo un genio posee. El remate del trasteo, con ayudados por alto y un particular molinete, dio paso a una tensa espera, puesto que el toro se puso gazapón y no daba pie a que Morante entrara a matar. Cuando lo hizo la espada pinchó en hueso lo que, pese al estoconazo en la segunda intentona, enfrío los ánimos del público, paseando la oreja de mayor peso de lo que va de serial.

Si logró dos y la salida a hombros Juan del Álamo, que es otro de esos matadores jóvenes que tiene en la capital de la montaña uno de sus feudos. Las consiguió en el sexto toro, que si en Zaragoza, por ejemplo, es el toro de la Jota, en Santander se va a bautizar como el toro del éxtasis, puesto que el respetable parece convertirse en un público verbenero y de pañuelo fácil. Tuvo mérito lo realizado por el salmantino, que pecho con otro animal endeble pero que se movía largo y que cuando vio que la faena no lograba altura con el toreo ortodoxo optó por jugársela sin ambages. Pases de rodillas, desplantes y una media estocada algo tendida que provocó el entusiasmo del graderío, que pidió dos apéndices concedidas por el presidente.

Antes del arrimón el diestro se había mostrado demasiado atenazado, no logrando acoplarse a la cómoda embestida del Juan Pedro. Quizá la responsabilidad de acartelarse con dos figuras, a las que brindó el burel, pesó demasiado en el joven torero. En el primero de su lote tampoco logró entenderse con un astado falto de chispa y raza con el que lo mejor lo realizó con el capote, en un buen saludo a la verónica y en un gran quite por chicuelinas. Con la tela roja la faena volvió a coger vuelo con el acercamiento de posturas final, después de que Del Álamo resultar volteado de fea manera.

No tuvo su mejor tarde el tercer integrante del cartel, un José María Manzanares que no pasa por su mejor momento. El segundo con el hierro de Parladé, se movió más y mejor que sus compañeros, pero el alicantino, después de dos series ligadas y templadas y una caída del toro no supo entenderse con su oponente por el pitón izquierdo. El diestro, que brindó el animal al Doctor Piñal, no supo reconectar la faena con el respetable y acabó ovacionado. Al quinto le faltó todavía más raza, casta y fuerza que al resto y después de un buen saludo capotero por chicuelinas y dos buenos pares de Curro Javier (Trujillo había saludado en el segundo) embistió con la cara a media altura y con un recorrido escaso. La única vez que Manzanares intentó arrastrar la tela el cornúpeta perdió las manos, por lo que además de justificarse poco más pudo realizar.

Después de muchas tardes sin pena ni gloria Morante se ha reencontrado con la afición de Santander que, personalmente, creo que no ha sabido ver una faena histórica para el Coso de Cuatro Caminos.

Ficha:

Cuarta de abono de la Feria de Santiago de Santander. Plaza de toros de Cuatro Caminos, con los tendidos casi llenos. Cinco toros de Juan Pedro Domecq y uno de Parladé, de desigual presentación y todos ellos faltos de raza, de casta y de fuerza.

Morante de la Puebla: Pitos y Oreja

José María Manzanares: Ovación y silencio

Juan del Álamo: Ovación y dos orejas.

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