El triunfo de la voluntad

Foto: Burladero.com

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Aunque a alguna mente mal pensada lo primero que le ha venido a mente al leer el titular ha sido el congreso de Núremberg, ha sido en Santander donde se ha puesto de manifiesto que en la tauromaquia actual es muy fácil lograr una tarde triunfal. Triunfal numéricamente, triunfal artísticamente y triunfal para un público que abandonó los tendidos de Cuatro Caminos satisfecho, dispuesto a volver. En definitiva todo redondo, gracias a la voluntad de los tres matadores de agradar, gracias a la voluntad de los espectadores de aplaudir y sacar el pañuelo y gracias a un Presidente que, contrariamente a la mayoría de sus colegas, ya había concedido dos orejas cuando algún parroquiano todavía no había comenzado a pedir la primera.

Dicho esto, hay que condimentar un poco la receta y poner los peros a tan bonita tarde, que haberlos haylos. En primer lugar el pero del principal protagonista de este invento, el toro. El encierro lidiado del Puerto de San Lorenzo, parejo y bien presentado, ha tenido todas las virtudes y defectos del toro moderno: Noble, colaborador, enclasado, falto de raza, de motor, de pujanza y de casta. Bien diseñados para el triunfo, poco preparados para ofrecer un espectáculo digno de una corrida de toros. Ninguno se empleó en el caballo, aunque, salvo el quinto, todos ofrecieron posibilidades en el último tercio.

Frente a ella, Antonio Ferrera ha mostrado sus dos caras, la del diestro maduro, pausado y templado, y la del experto lidiador acostumbrado a batallar ante animales complicados. La primera la ha ofrecido ante el primero de la tarde, un astado de poca raza y emoción al que el extremeño supo cuidar, no obligándole en exceso y dibujando muletazos de buen pulso, especialmente por el pitón derecho. Mató de una buena estocada y paseó la primera oreja de la tarde.

El cuarto fue el más geniudo del encierro y después de realizar combinar en el segundo tercio dos buenos pares de banderilla con varios quiebros, el matador se encerró con él en tablas para exprimir al máximo las pocas embestidas que tenía. Inteligente y perro viejo del oficio, mandó callar a la banda para a base de voces y patadas en el suelo meterse al burel y al tendido en el bolsillo. Solo el fallo a espadas le impidió acompañar a hombros al triunfador de la tarde, Saúl Jiménez Fortes.

El malagueño se ha convertido en dos años en uno de los toreros predilectos de la afición cántabra, desde que allá por 2011 tuviera que abandonar el coso rumbo al hospital con una cornada en el escroto. El pasado año también logró triunfar y esta tarde lo ha logrado cortando dos orejas al tercero de la tarde y una al sexto. El primero de su lote fue el de mejor condición de los enviados por Lorenzo Fraile. Tras un saludo capotero embarullado y un ajustado quite por chicuelinas, Fortes trazó una faena con detalles de torero de altura, especialmente en una serie excelsa por el pitón izquierdo, pero a la que la faltó rotundidad, especialmente en unos pasajes finales en los que optó por los muletazos circulares y el acercamiento de posturas con el enemigo. Mató de una gran estocada y antes de que alguno pudiera darse cuenta Fernando Fernández ya había sacado los dos pañuelos blancos al balcón.

Al sexto le faltó recorrido, pujanza e intensidad en todos los tercios. Poco se dejó ver Tito Sandoval, que apenas marcó la puya ante la endeble condición del toro, al que el matador andaluz sacó a relucir su paciencia para poco a poco lograr algún muletazo de mérito, retrasando en exceso la mano ante la falta de metros del astado. Acabó de nuevo con un arrimón que despertó el entusiasmo de un sector del respetable y después de matar de nuevo de forma fulminante paseó otro apéndice.

El peor lote le ha correspondido en suerte a Fandiño, que no acaba de tener suerte en Santander. Con su segundo, al que recibió por tijerillas y verónicas, realizando lo más meritorio con la capa de la tarde, tocó pelo después de un trasteo con demasiados enganchones y que no acabó de tomar vuelo por la mala conjunción de toro y torero por el pitón izquierdo. Pasándose al del Puerto por la barriga, el de Orduña mató también por la vía rápida y, como hoy iba la cosa de voluntades, recibió su premio. El quinto resultó la oveja negra del encierro, deslucido, flojo de remos y sin recorrido. Se justificó el vasco, que falló con la espada y obligó a Jesús Arruga a apuntillar al burel casi a traición.

Se impuso la voluntad a la falta de raza de los toros en la primera corrida de a pie de la Feria de Santiago 2013.

Ficha:

Tercera de Abono de la Feria de Santiago 2013. Plaza de toros de Cuatro Caminos, con algo menos de tres cuartos de entrada. Seis toros de El Puerto de San Lorenzo, bien presentados, armónicos y en tipo. A todos les falto raza, pujanza y emoción, aunque resultaron nobles y colaboradores en la muleta.

Antonio Ferrera: Oreja y vuelta

Iván Fandiño: Oreja y silencio

Saúl Jiménez Fortes: Dos orejas y oreja

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