Y con él, llego el escándalo

Juan Pedro Domecq MadridNo queda bonito sacar pecho a posteriori, pero hay que reconocer que muchos ya no los esperábamos. No porque fuera nuestro deseo, sino porque la corrida respondió al grueso de la temporada de la ganadería. San Isidro no está discurriendo por los cauces deseados por la afición, y la descastada y mal presentada corrida de Juan Pedro Domecq ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de unos tendidos hastiados de lo que sale por chiqueros tarde tras tarde.

En un país tan visceral, en el que todo es blanco o negro y no caben los grises (ejem), los toros no iban a ser una excepción. Dos posturas radicalmente enfrentadas es un espacio tan reducido provocan que al final lo menos importante sea lo del ruedo. Vaya por delante que no puedo compartir la postura de aquellos que censuran una actuación antes de que acabe. Sea en el teatro, en una plaza de toros o en una conferencia sobre la reproducción del pez espada, el veredicto se da al final, cuando todo ha acabado y no hay peligro de que la ira del respetable de lugar a excusas. Porque a Manzanares le beneficia que una parte del público no le pueda ni ver. El alicantino echó otra palada de tierra sobre sus opciones de reinar en la Villa y Corte, poniéndose delante de animales anovillados con los que jamás va a entrar por los ojos de una afición que sabe entregarse como pocas.

Censurable la actitud del matador al igual que, como dije antes, censurable la postura de un sector (no solo es el tendido 7), que en ocasiones es fagocitada por su propio personaje. Al igual que todos los grandes hombres de la historia han acabado creyéndose demasiado su papel, el necesario y duro respetable capitalino anda con el rumbo distraído en los últimos tiempos. Mantener el status venteño es algo imprescindible, y sin duda esa parte exigente es la única capaz de hacerlo, pero cuando un torero se parte el pecho y hace todo lo que el toro permite (por ejemplo, Aguilar con los Escolares, nada que ver con el esperpento de ayer) merece su reconocimiento.

Tocados todos casi todos los palos del festejo de ayer, dejo para el final al principal culpable, al adalid de los artistas. Claro, Juan Pedro, no te ibas a ir de rositas. Indigno de volver a figurar entre los hierros de cualquier plaza de Primera, volvió a enviar un encierro bajo de hechuras, descastado, blando y que huyo de todo lo relacionado con la pelea. Es decir, lo habitual. Sí, de vez en cuando sale algún animal valido para el toreo, que no bravo. El prototipo de toro que se cría en Lo Álvaro es el que salió ayer por chiqueros, al que le falló la fuerza. Por lo demás, ideal. Léase: noble, colaborador, repetidor, y que permite estar a gusto. Nada ilícito si no fuera porque esa no es mi tauromaquia. Respeto al que la quiera, pero conmigo que no cuente. Pero no se preocupen. En cuanto haya que remendar algo, rellenar una corrida y o aportar un cornúpeta, ahí estarán los camiones de JP. Que para eso tiene tantos toros.

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