Parece que molesta

Toro casta navarra

Pensé que todos estábamos de acuerdo, pero va a ser que no. Que los aficionados a los toros hagan un intento por defender y proteger aquello que los que viven de ello desprecian sistemáticamente no siempre conduce a todo el mundo en la misma dirección. Hablo, por supuesto, de la diversidad de encastes de la cabaña brava española, que cada vez es menos diversidad y que no encaja en el toreo moderno de disfrute.

El otrora rey de la dehesa ahora es el último bufón de un ecosistema creado en torno a su figura y que ahora se ha visto relegado a un lugar secundario. Como aficionado (sin carné) me niego a ver como se tira por la borda toda la riqueza genética del campo bravo español por culpa de profesionales acomodados que no se preocupan más allá de donde llega su sombra. Llámenles figuras, empresarios, ganaderos o periodistas.

La crítica no es aleatoria. En un cálculo hecho antes de la pasada feria del Pilar de Zaragoza, donde no cambió demasiado la tendencia, entre las 5 grandes figura del escalafón (Juli, Manzanares, José Tomás, Talavante y Morante) habían matado solo 3 corridas ajenas al encaste Domecq, dos de la familia del Capea y otra de Puerto de San Lorenzo. Los datos están ahí y ponen en evidencia el desinterés de los que supuestamente llenan la plaza de público en busca de orejas.

El argumento más manido para justificar la dictadura de Domecq es que hay encastes tan podridos que es imposible que les embista un toro, algo que se cae por sí mismo cuando en muchas ocasiones éstos animales se matan en novilladas perdidas en alguna campiña y por tres jóvenes que apenas comienzan a ver pitón. Si muchos de los nombres del escalafón superior ni siquiera sueñan con saber lidiar un Veragua, un Coquilla o un Saltillo, ¿Cómo van a sacarles partido tres chavales noveles?

Ahí es donde tienen que aparecer los mejores, las figuras. Porque a las figuras se las menosprecia precisamente por eso, por no aprovechar sus cualidades en beneficio de un mundo en permanente crisis y que necesita explotar todos sus recursos. Porque cuando se les hacen las cosas bien y la bravura sale a relucir el toro embiste, ayuda y proporciona gloria. ¡Vaya que si embiste! Que pregunten por Francia, a ver si hierros en España marginados llevan plazas y ofrecen espectáculo. Que le pregunten a Castaño, Robleño o Urdiales si se puede triunfar con encastes minoritarios.

Afortunadamente todavía quedan románticos, que crían el toro bravo contra viento y marea, pueblos que creen en la riqueza del campo bravo español, especialmente en Francia y toreros que, por creencia u obligación, tienen redaños de ponerse delante de toros desheredados por el sistema. Mi apoyo a los últimos de Filipinas.  

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