Gris final para una gran carrera

Parecía el día ideal para ver algo grande pero el destino, los veedores o la mala suerte nos han privado de ellos. Día ideal para decir adiós a uno de los toreros más honestos de los últimos tiempos, uno de esos que, como el mismo ha dicho no ha “llegado a ser una gran figura del toreo, pero he conseguido que la gente me vea como un torero serio”. El Fundi se ha ido de esto de la tauromaquia con una corrida del Puerto de San Lorenzo mala, mansa y sosa, de la que solo se salva Gracioso, que le tocó al Cid y que se fue al desolladero con las dos orejas puestas.

Sin sobrarle ni un ápice de fuerza, el Lisardo embistió con nobleza, recorrido y transmisión a la muleta del de Salteras, que tras comenzar el trasteo con un natural eterno fue dejándose poco a poco el mando para ligar pase tras pase sin mando ni concierto. Cuando tenía la oreja en la mano mató mal, con dos pinchazos y un bajonazo que dejaron el premio en una ovación con saludos.

Con el quinto, que estuvo en sintonía con el resto de la corrida en mansedumbre y pocas opciones, alargó la faena de forma innecesaria, con muletazos sin fondo ni transmisión y con medio tendido bostezando. Se agradece el gesto de no rehuir nunca Madrid en otoño, pero como llevo diciendo toda la temporada el sevillano necesita parar, reflexionar y volver a coger el pulso de esa mano izquierda poderosa de antaño.

El Fundi ha cerrado su carrera sobre los ruedos con Caraserio, un ejemplar que bien hecho que solo tenía fachado. Mal lidiado por la cuadrilla del fuenlabreño, llegó al último tercio áspero, sin clase y sin intención de embestir. No estuvo el diestro tampoco metido en faena, y el último trasteo de su carrera no fue lo lucido que todo el público venteño deseaba presenciar. Antes, la grada había recibido a uno de sus toreros predilectos con una cariñosa ovación, previa a la salida del primero de la tarde, un mostrenco cobarde y manso que no tenía un pase. Tampoco se le hicieron bien las cosas en los primeros tercios, con mucho desorden a la hora de picar y banderillear.

Con una fuerte ovación premió al matador los 25 años de carrera de un toreo honesto, que nunca rehuyó la pelea y que ha cerrado una de las carreras más dignas de la historia reciente de la tauromaquia.

Completaba el cartel Daniel Luque, que dejó lo mejor de su tarde con el capote. Recibió al tercero con unas verónicas a las que faltó mano baja pero que llevaban temple y sentimiento. El toro, cojo y flojo, no fue devuelto a los corrales y poco pudo hacer el sevillano con él. El sexto tampoco permitió el lucimiento, lo que dejó la actuación del diestro otra tarde más con poco que reseñar.

Ficha:

Segundo festejo de la Feria de Otoño de Madrid, con casi lleno en los tendidos. Seis toros de El Puerto de San Lorenzo, de irregular presentación, mansos y sin opciones. Solo destacó el segundo, que se movió con recorrido y transmisión en la muleta.

El Fundi: Silencio y ovación

El Cid: Ovación y Silencio

Daniel Luque: Silencio y silencio

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