Cantabria ¿Un futuro problema?

Han pasado 5 días desde que acabara la feria taurina de Santoña y desde que finalizar el grueso del ciclo de Ampuero y es momento de hacer balance del momento que vive la tauromaquia en Cantabria, una situación que de momento no es preocupante pero que lleva visos de acabar en tragedia.

La temporada en la región es corta, muy corta. Contando el festejo de rejones que mañana cerrara la feria de Ampuero con motivo de la festividad de la Bien Aparecida, patrona de Cantabria, serán 14 entre corridas, novilladas y arte ecuestre los espectáculos ofrecidos. Además hay que añadir dos concursos de recortadores y una exhibición de alumnos de escuelas taurinas.

La feria de Santiago de Santander es un ciclo consolidado, bien preparado, bien organizado y con respuesta de público. Aquí la cosa funciona bien, con dos matices: gran parte de la concurrencia llega de fuera de la región y fuera de feria la asistencia es escasa. La corrida de la Beneficencia, que anteriormente se realizaba fuera de abono una semana después del serial ha acabado absorbida por el abono, puesto que las entradas eran cada año peores. Ir a Cuatro Caminos cada tarde de semana grande excede lo taurino, convirtiéndose en un acto festivo y social que, en ocasiones, poco tiene que ver con lo que pasa en el ruedo.

Lo más grave llega saliendo de la capital. Las dos únicas ferias que se celebran son las ya comentadas de Santoña y Ampuero, ambas en torno a la festividad del 8 de septiembre y que año a año entran en una peligrosa decadencia. La villa marinera ha estado cerca en 2012 de quedarse sin toros, puesto que el consistorio tomó la decisión de no subvencionar los festejos taurinos. La empresa Circuitos Taurinos, dirigida por Carlos Zúñiga, decidió hacer con el coso para preparar una feria compuesta por una corrida de toros y un festejo de rejones.

Respondió el público a la llamada de Uceda Leal, Ferrera y Marco y no tanto a la de los caballeros rejoneadores, que no lograron el éxito de sus compañeros a pie. Una feria que años atrás contaba con al menos dos corridas de toros, una de rejones, espectáculos de recortadores y sueltas de vaquillas ve como año a año se reduce el número de festejos.

Más preocupante si cabe es el caso de Ampuero. El enfrentamiento que mantienen algunas peñas con el alcalde hace que solo 3 de las 10 agrupaciones de la localidad hayan acudido este año a las novilladas, que contaban en las gradas con un aspecto paupérrimo. El precio, 16 euros, no es prohibitivo pero el hecho de que solo se lidien cuatro toros y que solo se publiciten los encierros hace que los festejos vespertinos carezcan de total atención. Tampoco el resultado artístico ayuda a atraer la atención de los aficionados, puesto que los novillos de Pérez Angoso y el Rollanejo no respondieron sobre el albero.

Y afición al toro hay y mucha, solo hay que acudir cada mañana a presenciar el encierro y ver como talanqueras, balcones y ventanas están a rebosar para ver el paso de los astados.

Y hasta aquí llegan los toros en Cantabria. Con los años se ha perdido la plaza de Castro Urdiales, que este año va a celebrar su centenario sin que ningún cornúpeta pise su arena. La intención del consistorio era ofrecer alguna novillada o algún festejo popular, pero no pasó de ser una idea. El único espectáculo programado era uno ecuestre y se suspendió debido a las pocas entradas vendidas.

Desde hace un par de años tampoco se celebra el tradicional festival de Rasines, que cuenta con una de las plazas más antiguas de España (data del siglo XVII) y una de las pocas cuadradas. El 15 de agosto la peña taurina el Tábano era la encargada de organizar un festejo por el que han pasado, entre otros, Dávila Miura, Leandro o, más recientemente, Pérez Mota. El año pasado se cambio por un espectáculo ecuestre y para este año la plaza ya no será utilizada.

No hay que olvidad los encierros de vacas que se celebran en Pie de Concha y Molledo, que parecen sobrevivir bien a la crisis. No así el de Revilla de Camargo, que este año ya no se ha celebrado. Otras localidades como Astillero, Los Corrales de Buelna o Tanos llegaron a celebrar festejos taurinos con motivo de sus fiestas patronales, aunque fueron situaciones transitorias.

De momento la situación no es grave, siempre y cuando Santander mantenga viva la llama de una afición que es numerosa pero que necesita estímulos para moverse.

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